La artista argentina Marina Gergely profundiza en el denominado arte social, con una obra de gran carácter, cifrada en clave simbólica, que exhibe dentro de un expresionismo duro, descarnado, vitalista y esperanzador. Se adentra en los problemas sociales, en la ironía directa en el modo de tratar la problemática de la sociedad contemporánea, marcada por subdivisiones, compartimentos estancos, aislados unos de otros, casi sin consideración previa, absolutamente contrastados, situados al margen de la lógica evolución de la naturaleza.
La naturaleza, en sí misma, nos enseña a formular diferentes planteamientos armonizados, la ecología, los ecosistemas, la interdependencia de los diferentes reinos: mineral, vegetal, animal, ser humano y cósmico está clara.
De los siete reinos en los que se divide el reino animal, por ejemplo, cada uno de ellos posee innumerables subdivisiones. Cuando una subdivisión es aniquilada o exterminada, sus restos pasan a engrosar la subdivisión más importante que la precede. Todo está concadenado, pero el ser humano a construido ciudades de hormigón y acero, cristal, aluminio y asfalto, sin excesivo verde, con carencia de la adecuada oxigenación, sin atisbos de verdadera armonía con la naturaleza circundante.
Vivimos en cajas de cartón, en templos de acero y cemento, en celdas en las que solo entra la luz del sol por las ventanas, sin que los materiales modernos empleados consigan una real armonía con el medio externo como pasaba antiguamente con las casas de barro. Ahora todos ellos buscan aislar, ser estancos, sin conexión con el exterior, hasta introducimos aire renovado constantemente por máquinas. ¿Dónde estará la brisa marina que antaño nos decoraba de sal las caras o el aire seco de las montañas que ensanchaba nuestros pulmones de pureza y vitalidad celestial?
Marina Gergely lanza en su obra una mirada interior a la realidad desastrosa del ser contemporáneo; en la que todo parece estar programado para el consumo. Argentina se ha convertido en un gigantesco supermercado en el que todo se compra y se vende.
Exhibe otras obras en las que refleja los derechos de los niños, que son la esperanza de la humanidad, temiendo que se les robe sus sueños. Órganos humanos, obras elaboradas en técnica mixta sobre papel, tela o madera, creaciones realizadas en óleo sobre tela, en las que se ve claramente la fuerza del simbolismo, la determinación de la propia voluntad esencializadora de las cosas, el querer volver a considerar la dignidad como medio para alcanzar un fin.
Presenta seres alineados, de espaldas a la vida, sojuzgados, cubiertos de chorretones de pintura, de lágrimas de sangre, que huelen a soledad y miseria. Retrata el alma de la ilusión de la mente, de la gente sojuzgada, inmersa en el mar de preocupaciones que constituye la propia vida.
Muestra personas que son más que eso, seres dotados de psique, vida, alma y espíritu, que se encuentran, a menudo, en callejones sin salida, como si fueran personajes de los cuentos de terror de Edgard Allan Poe, o surgieran de la magnifica novela de Víctor Hugo, Los Miserables. Son personas, seres, que viven en la estructura geométrica de la existencia, donde todo está ordenado en torno a la materia, buscando una explicación fisiológica, en la que parece que no exista corazón ni sentimientos. Sin embargo, detrás de cada cuerpo, de cada esqueleto humano andante, late un corazón generoso, que quiere despertar, comunicando al mundo sus anhelos. De ahí que, aunque muchos seres los presente descarnados, desencajados y lejos de la coherencia de la razón, hay en el pesar y la tristeza resquicios donde penetra la luz de la iluminación.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte




























